"Enviamos a nuestros médicos por solidaridad...”
Esta sencilla frase del Embajador de Cuba en el Perú, Excmo. Sr. Sergio González González, resume un modelo de conducta institucionalizada en la Isla socialista. Y es a partir de esta frase, que deseo construir mis principales ideas con relación al devenir de acciones post desastre.
Me corresponde, por herencia y convicción, desenvolverme en torno a luchas desiguales por mejores condiciones de vida, por justicia y equidad, entre hombres y mujeres de extracción africana en el Perú (afrodescendientes o afroperuanos). Este conglomerado étnico asentado principalmente en los valles de la Costa, sufre, desde sus orígenes el rigor de la exclusión política, social y económica. La esclavización infame (pero indispensable y rentable para la sociedad estamental colonial), la segregación y el racismo consecuente en la República Aristocrática, mezcla feudal y burguesa, relegaron a los y las afrodescendientes a los más bajos índices de desarrollo (vivienda, salud, educación, etc.). Los acontecimientos naturales que han desbastado nuestras ciudades y caseríos, no ha hecho sino desnudar y por lo mismo VISIBILIZAR las condiciones de salubridad y habitabilidad de cientos de miles de compatriotas peruanos, a quienes no le hubo beneficiado el crecimiento estadístico macroeconómico. desde San José de los Molinos, El Carmen, Capote, Zaña, Morropón y Yapateras, fueron expuestas, una a una, las condiciones precarias de vida, incompatibles con su caracter de productores de riqueza.
Yapateras-Chulucanas-Piura
Morropón-Piura
El vivir a la vera de los ríos, a la sombra de la herencia de los padres, en ciudades en proceso, con limitados recursos (muchos sin ellos), los han convertido en presa fácil de las crecidas de los ríos; el ser pequeños agricultores y peones agrarios (el eslabón más débil de la cadena productiva), los hacen más vulnerables a la caída de los puentes y al aniego de los cultivos.
Hoy, en esta hora de lamentos y desgracia, cabe la reflexión histórica: la pobreza es causa de los desastres naturales? y si así fuere en sus inicios, el Estado nacional no pudo administrar dichos hechos extraordinarios, a través de trabajo y viviendas dignas?
Por todo ello, regreso a la frase primigenia: la solidaridad. Entendida ésta, no como acto compasivo cristiano, sino como el ejercicio de un derecho natural y positivo, jurídico y Constitucional (Artículo 2, inciso 1).


No hay comentarios:
Publicar un comentario