He vivido en el Perú, Lima, en particular, por 4 décadas y por tal he sido testigo de excepción de los hechos más trascendentes y mediáticos, que han generado la crispación en tirios y troyanos, quienes afirman vivir la "hora histórica" de la Patria.
Las redes sociales se han convertido en un "carro a domicilio" que penetra nuestra "intimidad" y nuestra psiquis, trasmitiéndonos, en tiempo real, imágenes, frases sueltas y haciéndonos tomar posición, antagónica siempre del "otro", casi de inmediato, sin haber completado siquiera la lectura del texto completo de la ocurrencia, siguiendo la corriente de "nuestro grupo" o "tendencia" predeterminada.
Esta tendencia no siempre tiene basamentos ideológicos, ni filosóficos contrapuestos a "nuestros rivales", sino más bien intereses procaces, como el crematístico, la búsqueda de prebendas judiciales, sino carcelarias, el copamiento familiar del aparato gubernamental y demás intereses de baja estofa.Ninguna de las grandes marchas epopéyicas, por su número y colorido de los últimos años, han puesto en cuestionamiento el orden económico-político imperante; ninguna a cuestionado la explotación del hombre por el hombre y la desigualdad social.
Las redes sociales se han convertido en un "carro a domicilio" que penetra nuestra "intimidad" y nuestra psiquis, trasmitiéndonos, en tiempo real, imágenes, frases sueltas y haciéndonos tomar posición, antagónica siempre del "otro", casi de inmediato, sin haber completado siquiera la lectura del texto completo de la ocurrencia, siguiendo la corriente de "nuestro grupo" o "tendencia" predeterminada.
Esta tendencia no siempre tiene basamentos ideológicos, ni filosóficos contrapuestos a "nuestros rivales", sino más bien intereses procaces, como el crematístico, la búsqueda de prebendas judiciales, sino carcelarias, el copamiento familiar del aparato gubernamental y demás intereses de baja estofa.Ninguna de las grandes marchas epopéyicas, por su número y colorido de los últimos años, han puesto en cuestionamiento el orden económico-político imperante; ninguna a cuestionado la explotación del hombre por el hombre y la desigualdad social.
A la usanza de los viejos caudillos, podríamos decir que estas enardecidas protestas, de uno u otro lado, serían una suerte de ensayo para gestas más contradictorias, que puedan remecer los cimientos de la estructura del modelo que hace colapsar a la humanidad misma y al planeta. Sueño despierto con esta esperanza, hasta quedarme dormido.
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